La instalación parlamentaria
Luis Barragán
Primera
vez que el denominado chavismo irrumpía en el parlamento, por el
mandato expreso del electorado en 1998. La sola instalación del otrora
Congreso de la República se hizo un tormento, debido a la violenta
movilización de sus partidarios, prontamente imitada en las Asambleas
Legislativas.
Luego, perfeccionada la fórmula, no hubo ni hay acto
de proclamación, calificación y juramentación que no tenga por
característica la agresión sistemática, directa y continua hacia los
diputados nacionales y regionales de la oposición, por más que
representen un porcentaje significativo de los ciudadanos. Porcentaje,
por cierto, hoy emblematizado por el 52% de la votación popular tan
injustamente traducido en las curules que evidencian la naturaleza y
alcance del proyecto totalitario en curso.
Recordemos que a las
propias rejas del Capitolio Federal llegaba la protesta social con toda
su vehemencia, ahora negada o convertida en una zona para la simple
maniobra de los tarifados que deben velar por la desaparición política
y, a veces hasta física, de los disidentes. Motivo que antes hubiese
escandalizado a la opinión pública, las puertas este y oeste saben de
otras jardinerías que le quitan a la ciudadanía el tránsito desahogado
que una vez mereció, completando esa suerte de dique angustioso que
intenta impedir toda voz de inconformidad surgida en el mismo corazón de
Caracas.
El asunto ha de interesar – desde ya – a historiadores,
psicólogos sociales y demás especialistas, porque hemos andado más de
una década en la que perseguir a la representación popular que – en
mucho o poco – ha discrepado del oficialismo, constituye una entera
preocupación existencial. Y – además – violentando la Constitución de la
República, los actuales elencos de poder desconocen la institución de
la inmunidad parlamentaria, pasando por una vasta y bastarda campaña de
descalificación personal de sus adversarios, hasta minimizar y adulterar
por la vía reglamentaria, que es ley de la República, la misión y
función de la Asamblea Nacional.
Nada sorprendió que el
oficialismo intentase impedir o dificultar el acceso de la oposición a
la mismísima sede de la Asamblea Nacional, acordonándola por los
partidarios más enconados y todos los agentes de seguridad del Estado y,
obviamente, los celebérrimos colectivos. Trepar nuevamente un
espectáculo de humillación, perseguido física y moralmente el diputado
de oposición, ha sido un objetivo constante. Sin embargo, el día 5 de
los corrientes no le fue posible a Miraflores consumar tamaño propósito.
La
ciudadanía se movilizó al centro caraqueño y, aunque distanciada del
Capitolio Federal por las autoridades públicas, además, en constante
demostración de fuerza, y a sabiendas de los riesgos inmensos del lugar,
acompañó a sus diputados. Y ese objetivo de humillación, políticamente
perseguido para animar a las huestes oficialistas de todo el país, no
fue posible consumarlo: he acá la ganancia cívica de la instalación del
parlamento.
El bloque oficialista quedó en evidencia, con sus
agotadas consignas de provocación y agresión. Para más señas, revelando
el miedo a la libre exposición, permitió únicamente al canal de
televisión del chavezato asambleario (ANTV) hacer las tomas nerviosas y
selectivas de la sesión inaugural. Después, el presidente Chávez Frías
los arengó en una plaza cercana como si intentase a toda costa que sus
(SIC) parlamentarios no se desmoralizaran, como creemos que ocurrió en
la más resignada de sus intimidades políticas.
Fuente:
http://www.medios24.com/la-instalacion-parlamentaria.html
Fotografía:
escena de uno de los dos helicópteros que sobrevolaron y videofilmaron la
concentración con motivo de la instalación de la Asamblea Nacional;
desde la esquina de La Hoyada, Caracas (05/01/11)
